Solemnidad de Pentecostés La Venida del Espíritu Santo sobre los Apóstoles

Con la fiesta de Pentecostés culmina el ciclo de la Pascua.  Los Apóstoles, en su momento, se lanzan a predicar con toda valentía, a pesar de todas las adversidades que les proporcionan los judíos.  A partir de ese día sólo la muerte los detendrá en la responsabilidad que el Señor Jesús les había confiado.

En los primeros versos del capítulo 2 de los Hechos de los Apóstoles, San Lucas narra un acontecimiento extraordinario, Pentecostés, que debemos reconocer, era también una fiesta judía, que se celebraba 50 días después  de la Pascua.  Eso significa la palabra Pentecostés en griego, el día número cincuenta.

¿Qué dice San Lucas en ese comienzo del capítulo 2 de los Hechos? Estas son sus palabras:

Cuando llegó el día de Pentecostés, estaban todos reunidos.  De repente vino del cielo un ruido, como de viento huracanado, que llenó toda la casa donde se alojaban.  Aparecieron lenguas como de fuego, que descendieron por separado sobre cada uno de ellos.  Se llenaron todos de Espíritu Santo y comenzaron a hablar en lenguas extranjeras, según el Espíritu les permitía expresarse.

Estamos ante un hecho de la mayor trascendencia en la historia del cristianismo, a partir de ese día los Apóstoles serán hombres completamente renovados y transformados, recordemos que eran de origen humilde y pescadores de oficio y sin estudios, pero el Espíritu Santo los hizo hombres nuevos y capaces de llevar a cabo la misión que el Maestro les encomendó.

En el capítulo 12 de su carta a los Corintios (la ciudad de Corinto era consideraba la tercera ciudad del Imperio Romano), San Pablo habla de los dones espirituales, los carismas que habían recibido los cristianos y que ejercitaban tanto en el seno de la comunidad como hacia afuera.

Es importante señalar que los dones y carismas no son cualidades naturales ni fruto del esfuerzo humano ni méritos o privilegios, sino pura gracia y regalo de las tres divinas Personas. Además, estos dones no son para uso y usufructo de quienes los hayan recibido, sino para el bien de toda la comunidad.

San Pablo viene a decir, en primer lugar, que las categorías discriminatorias de esclavo o libre, judío o griego, hombre o mujer, ricos o pobres, ya no existen porque han sido abolidas por el Señor.  En segundo lugar, que todos y todas, sin excepción son protagonistas en la construcción del reino de Dios, tarea de toda la comunidad cristiana.

En el capítulo 16 del Evangelio de San Marcos 16 Jesús nos dice:

Cuando venga el Espíritu de la verdad, los guiará hasta la verdad plena.  Porque no hablará por su cuenta, sino que dirá lo que ha oído y les anunciará el futuro.

Es una de las realidades más hermosas de que habló Jesús, el Espíritu Santo, que por otra parte, recibe en las páginas bíblicas muy diversos símbolos, como el viento y el fuego, el agua viva que apaga la sed.

También es llamado Defensor, Abogado y Consolador, en el discurso de despedida, Jesús prometió repetidas veces a sus discípulos la asistencia del Espíritu Santo para después de su partida.

En base al texto de Isaías 11,2 donde leemos que sobre el Mesías se posará el Espíritu del Señor, se habla de sus dones: sabiduría e inteligencia, consejo y fortaleza, ciencia, piedad y temor de Dios. Son los mismos dones que el Obispo pide para los confirmandos con la imposición de las manos.

También se habla de los frutos del Espíritu, en contraposición a las obras de la carne.  Esos frutos son: amor, alegría, paz, comprensión, servicialidad, bondad, lealtad, amabilidad y dominio de sí.

Los carismas, dones, servicios y funciones dentro de la comunidad de fe, como expresa San Pablo en 1Co. 12-13, son manifestaciones del Espíritu para el bien común.  Entre todos los carismas del Espíritu el mayor es la caridad, el amor que es la medida y referencia de autenticidad para todos los demás.

Nuestra adopción filial por Dios se realiza mediante el Espíritu de Jesús, que nos impulsa a llamar a Dios ¡Padre! Cuantos se dejan guiar por el Espíritu de Dios, esos son hijos de Dios.

Una expresión actual y bíblica para referirse al Espíritu Santo: es el don de Cristo resucitado a la Iglesia que es su Cuerpo.

(Cfr. En las fuentes de la Palabra, P. Basilio Caballero, C.P., Comentario a la Liturgia del Domingo de Pentecostés, Ciclo B). 


 

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