Catequistas

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Al final de Su ministerio terrenal, Jesús dijo a sus discípulos:

“Vayan, y hagan que todos los pueblos sean mis discípulos, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, y enseñándoles a cumplir todo lo que yo les he mandado. Y yo estaré siempre con ustedes hasta el fin del mundo”. Mateo 28:19-20

simbolos cristianos

Como miembros del Cuerpo de Cristo que es la Iglesia, el gran encargo de Jesús nos llama a continuar Su misión iniciada hace 20 siglos. Pero contribuir a la venida del Reino de Dios no es una tarea sencilla, y algunas veces podemos sentirnos como si todo lo que podemos hacer es dar testimonio en la vida de nuestro hogar, de nuestro trabajo, y de nuestras relaciones; ni hablar de un salón lleno de rostros que apenas conocemos. Sin embargo, si estamos dispuestos a salir adelante con fe y confianza, y tener la seguridad de que Jesús en verdad estará siempre con nosotros, encontraremos que siendo catequistas es una manera distinta e irreemplazable en que podemos responder al gran encargo de Dios.

El Papa Juan Pablo II lo dice así:

“Como Juan Bautista, también el catequista está llamado a indicar en Jesús al Mesías esperado, al Cristo. Tiene como misión invitar a fijar la mirada en Jesús y a seguirlo, porque sólo él es el Maestro, el Señor, el Salvador.” Jubileo de Catequistas y Maestros de Religión (Dec. 10, 2000).

El catequista ayuda a llevar a Cristo a los demás, aprende enseñando, su propia Fe cobra más vida, se convierte en un modelo y proporciona alegría a los que le rodean.

En la parroquia, el Catequista trabaja en diversas formas, niveles y aportaciones, ayudando a llevar el mensaje de Jesucristo a niños, jóvenes y adultos. Una parroquia sin vida catequística se halla gravemente mutilada. Equivale a una sociedad sin centros escolares o a una familia sin vivienda ni hogar. Por eso, más que otras labores y funciones parroquiales, la del catequista en sus diversas formas y ámbitos, es una tarea primordial en la parroquia.

¿Quién puede ser Catequista?

Cualquier cristiano puede ser catequista. Pero para ser un buen catequista, son necesarias unas cualidades:

• El catequista debe sentir dentro de sí la vocación de catequista, pues sin esa vocación, es decir, sin sentir que Dios, a través de la comunidad, le llama a servir por medio de esta tarea, tarde o temprano se desanimará ante las exigencias de la catequesis y la abandonará.

• El catequista debe vivir cada día con profundidad su Fe, fruto de su adhesión a Cristo y a la Iglesia. Para poder ser testigo, más con su vida que con sus palabras, de su unión con Jesucristo, con la Iglesia y con su parroquia; debe ser una persona que ora y alimenta su vida con la Palabra de Dios y con la participación en la Eucaristía.

• El catequista debe ser una persona comprometida en la parroquia. Nadie es catequista por su cuenta y sólo. La catequesis debe ser comunitaria, por eso, el catequista debe conocer bien su comunidad, caminar con ella y estar bien atento a sus problemas, alegrías y esperanzas.

• El catequista debe conocer la realidad que le rodea y tener una conciencia crítica ante los hechos que se van sucediendo. Debe ayudar a llevar a la comunidad a la reflexión sobre su realidad, a la luz de la Palabra de Dios. Lucha contra su propio egoísmo, ayuda a la comunidad a liberarse del pecado y le lleva a celebrar su vida en la liturgia.

• El catequista sabe que la Palabra de Dios es la principal fuente de la catequesis, por eso debe conocerla bien para poder transmitir con fidelidad el mensaje, uniéndola siempre con el testimonio de vida.

• El catequista debe ser un buen animador, sabiendo dialogar y escuchar. Debe ser una animación que haga de la sesión de catequesis una experiencia de vida y alegría.

• El catequista debe ser una persona equilibrada, al que no le han de faltar problemas en la vida, pero que lucha para no dejar que esos problemas lo hundan y busca cómo resolverlos. Quien afronta con coraje la vida, será capaz de orientar a otros.

• El catequista tiene que saber trabajar en equipo, pues no es siempre fácil trabajar con otros, pero en la catequesis es algo imprescindible. En equipo se crece como persona, se adquieren valores humanos importantes como el respeto al otro y se aprende de los aportes de los demás.

• El catequista debe ser una persona responsable y perseverante, ya que siendo aún un excelente catequista, cualquiera puede acabar con todo un trabajo de catequesis y desintegrar un grupo si faltara sin motivos serios a las sesiones y a la preparación de los temas, o no llegara a la hora señalada. La responsabilidad y la puntualidad son esenciales.

• El catequista debe amar a los catequizados, para lo cual es importante conocerlos. Y para conocerlos se necesita tener unas nociones básicas de psicología, pedagogía y técnicas de grupo.

• El catequista debe estar formándose continuamente. Las personas cambian, lo mismo que las circunstancias y los tiempos. Nunca un catequista puede decir que está suficientemente preparado. Como todos los cristianos, el catequista necesita una formación constante.

Somos llamados a ser testigos del Evangelio en nuestra familia y entre nuestros amigos y vecinos, más algunas veces oímos un llamado más profundo, sentimos un deseo mayor de comunicar nuestras creencias de una manera más formal y estructurada. Es entonces que nos damos cuenta de que se nos está pidiendo proclamar el Evangelio como “evangelizadores irreemplazables” (Redemptoris Missio): Somos llamados a ser Catequistas.

Si se te han acercado para pedirte que seas catequista, o si sientes el llamado del Espíritu, es que se te está pidiendo hacer algo especial por Dios, por la Iglesia, y por tus hermanos. Nunca temas decir SI a ese llamado, y al responder, encontrarás que estás haciendo algo especial por tu parroquia y por ti mismo.

El Grupo de Catequistas de la Parroquia Nuestra Señora de la Asunción está dividido en dos áreas:

 

“Quienes con la ayuda de Dios han acogido el llamamiento de Cristo y han respondido libremente a él, se sienten por su parte urgidos por el amor de Cristo a anunciar por todas partes en el mundo la Buena Nueva.”
Catecismo de la Iglesia Católica (prólogo, 3)

 

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