Y después de la confirmación… ¿qué? La cosa no acaba ahí...

A algunos de vosotros os estará surgiendo esta duda o ya os habrá surgido en su momento. ¿Qué hay después de la confirmación? ¿Esto acaba aquí? Son preguntas que nos hacemos a nosotros mismos, o que simplemente nunca aparecen en nuestra cabeza, pero que si no obtenemos una buena respuesta podemos cometer el error de dejar escapar una de las mejores oportunidades de nuestra vida.

¡Por supuesto que no acaba ahí! Podemos encontrar tantas y tantas formas para continuar… No obstante, aquí nos centraremos en lo principal. El lugar donde llevarlo a cabo lo podremos encontrar en cualquier sitio: ¡hay miles de puertas abiertas! Personalmente, en esta búsqueda he podido encontrar dos grandes modos.

Empecemos por el más fácil: hemos de ser jóvenes, que al fin y al cabo, es lo que nos toca vivir. Me explico: estoy segura de que habréis oído decir que ser cristiano no está de moda. Que las palabras ‘joven’ y ‘cristiano’ no pueden estar juntas en una misma frase. Que los jóvenes de hoy no tienen conciencia de Dios. Que no vale la pena ser cristiano… Por favor, ¡que no os engañen!

Se puede ser joven y cristiano. Se puede vivir la juventud teniendo en cuenta a Dios. Yo lo hago (y conozco a otros tantos que también) y os puedo asegurar que vale la pena.

El segundo es algo no tan sencillo: seamos comprometidos con la Iglesia. Sé que puede sonaros a la cosa más complicada del mundo, o que puede quitaros mucho tiempo: están los estudios, los amigos, la televisión… Pero confiad en mí, ¡no es tan difícil como nos lo cuentan!

Compromiso con Dios: compromiso con los demás

Yo siempre he creído que Dios no nos ha puesto en este mundo para estar de brazos cruzados, ni nos ha dado manos para estar rogando a todas horas. No. Nos ha dado unas manos para trabajar y nos ha dado unas capacidades para que las demos a los demás. ¡Eso es precisamente el compromiso! Es darse uno mismo. Puede que aún así, sigáis pensando que esto de ser comprometidos no es tan molón como os lo estoy pintando. Que os sigue quitando demasiado tiempo. Creedme, una vez empecéis con ello, le cogeréis el gusto. No será una obligación, ni mucho menos, sino otra parte más de vuestra vida. El truco reside en saber organizarte.

Es tan fácil como mostrar nuestras virtudes (e incluso nuestros defectos) y ponerlos al servicio del que está a nuestro lado. Y además ¡acabamos ganando! Porque lo bueno de darse a uno mismo es que recibiremos mucho más de otras personas. Obtenemos experiencia, vida, fe, amigos… y lo más importante ¡nos sentimos útiles!

Comprometerme ¿Para qué?

Dejando a un lado todo lo bueno que podamos obtener de este compromiso, ganamos algo mucho más importante aún: formamos Iglesia. ¡Eso sí que es algo verdaderamente bueno! Ya lo dijo el Papa Benedicto durante la JMJ, “no se puede seguir a Jesucristo solo”. No se puede ser cristiano, si no se es Iglesia. Y estoy completamente de acuerdo. Formando Iglesia compartimos experiencias, preocupaciones, alegrías, esperanzas, conocimientos… compartimos a Dios. ¿Se puede pedir más?

Para los que aún dudan

Supongo que todos los que estéis ya confirmados y hayáis escogido seguir en este gran camino que lleva a Dios coincidiréis conmigo. Para los que estéis a punto de dar ese gran paso, tomad nuestro consejo: esto no queda aquí. Tenéis mucho por vivir y por compartir,y muchos lugares y personas con los que hacerlo. La confirmación es un SÍ bien grande. Es un SÍ soy cristiano. SÍ creo en Dios. SÍ soy Iglesia. E Iglesia, a mi parecer, es como os he intentado transmitir. Se hace de una manera muy sencilla que es compartiendo tu vida y tu fe con los demás.

Isabel García Gutiérrez


 

Y después de la confirmación… ¿qué? La cosa no acaba ahí...
Qué te ha parecido?
Print Friendly, PDF & Email
Tagged , , . Bookmark the permalink.