San Vicente Mártir Patrono de Molina de Segura

El 22 de enero celebramos la fiesta del patrono de Molina de Segura, San Vicente Mártir.

Vicente descendía de una noble familia aragonesa pues su padre, Euticio, era hijo del cónsul de Zaragoza Agreso. El nombre de su madre era Enola, natural de la ciudad de Huesca. Desde muy pequeño estudió bajo la dirección del Obispo de Zaragoza, Valero, logrando rápidos progresos en la virtud. A los veintidós años, el obispo lo nombró Arcediano, o sea el primero de los siete diáconos que solía haber en las primitivas iglesias. El Obispo Valero, ya anciano, era tartamudo y tenía grandes dificultades en la predicación por lo que encomendó este trabajo a su diácono Vicente.

En el año 300 se originó una nueva y sangrienta persecución, decretada por los emperadores romanos reinantes, Diocleciano y Maximiano, quien habían jurado exterminar la religión cristiana. En 303 se publica el primer edicto imperial: Todos los pobladores del imperio tenían que adorar al Cesar.

Para llevar a cabo los edictos persecutorios, llega a España el prefecto Daciano, que permanece en la Península dos años, ensañándose cruelmente en la población cristiana. En Zaragoza mandó prender al obispo y al diácono Vicente, pero el mandato imperial le obligó a salir rápidamente de la ciudad y ordenó se les hiciera ir, maniatados, a Valencia. Les cargó pesadas cadenas, y ordenó conducirlos a pie, haciéndoles padecer hambre y sed. En el largo viaje, los soldados les afligieron con toda clase de malos tratos.

Ya en Valencia se les encerró en prisión oscura y se les dejó sin comer durante varios días. Cuando juzgó Daciano que estaban quebrantados, los mandó llamar, y se extrañó de que estuvieran alegres, sanos y robustos. Allí comenzó el interrogatorio, y como el obispo tuviera dificultades para responder debido a su tartamudez, tomó la palabra Vicente, quien no se doblegó ante Daciano y lo denunciaba en público. Resultado de este primer interrogatorio se condenó al destierro a Valero y comenzaron los tormentos contra su arcediano, Vicente, para que aprendiera a obedecer a los emperadores.

Martirio de San Vicente

Martirio de San Vicente

Había en los tormentos de los mártires varios grados, que se iban aplicando sucesivamente, con el fin de hacer vacilar su constancia. El primero de los tormentos al que sometieron a Vicente fue el potro, consistente en un aspa de madera en cuyos extremos se fijaban manos y pies para descoyuntar los miembros al extender el aspa. En él extendieron a Vicente y después de descoyuntar todos sus miembros lo desgarraron con garfios de hierro. El mismo Daciano se arrojó sobre la víctima, y le azotó cruelmente. Mientras lo torturaban, el juez intimaba al mártir a abjurar, pero Vicente rechazaba sus propuestas. Luego se le colocó sobre un lecho incandescente, supremo grado de tortura, según dice Prudencio. Vicente salió triunfante de la prueba, y fue arrojado en una mazmorra.

Se le encerró en un calabozo estrecho, descrito por Prudencio, que lo debió visitar, en estos términos: “En el sitio más bajo de la prisión hay un lugar más negro que las mismas tinieblas, cerrado y estrangulado por las estrechas piedras de una bóveda bajísima. Allí se esconde la eterna noche, sin que jamás penetre un rayo de luz. Allí tiene la horrible prisión su infierno”. En este calabozo fue metido Vicente, introduciendo sus pies en unos cepos de madera, de modo que sus piernas estuvieren violentamente separadas una de otra; y a fin de que la víctima no pudiera encontrar reposo, sembraron el suelo de pedazos de cacharros puntiagudos.

Estando Vicente en la cárcel sufriendo este tormento sucedió un milagro que cuentan tanto las actas como Prudencio: De repente se iluminó el calabozo; el suelo, cubierto de guijarros puntiagudos, se convirtió en una alfombra de flores, y mientras tanto, los ángeles recreaban los oídos de Vicente con suavísima melodía. El prodigio conmueve la ciudad. Enterado de lo que pasaba, Daciano dio órdenes para que trataran al mártir con toda consideración y curaran sus llagas. El carcelero, que se había convertido al cristianismo, ejecutó la orden gozoso; preparó un lecho mullido a Vicente, le acostó en él y dejó entrar a los cristianos en el calabozo. Entre demostraciones de cariño exhaló Vicente su ultimo suspiro. Era el mes de enero del 304.

Al enterarse Daciano de la muerte del mártir, se indignó y mandó tirar su cuerpo en el campo, para que fuera pasto de la fieras y aves de rapiña; pero, por singular providencia, un cuervo lo defendió de los buitres y de las fieras.

En vista de esto, se le metió en un saco cosido, del que pendía una piedra muy pesada, y se le arrojó en el mar; pero las olas le sacaron a la orilla, cubriéndole de arena. Allí quedó, hasta que, años más tarde, lo encontró la cristiana Ionicia, lo enterró y los fieles cristianos comenzaron a venerarlo. San Vicente llegó a ser el gran mártir de la Iglesia de Occidente, como san Lorenzo lo fue de Roma y de Oriente san Esteban, los tres diáconos. San Agustín predicó cuatro sermones en el día de su fiesta. San León Magno parece haber tenido también un sermón el día de su festividad, en Roma. Allí mismo existían, en la Edad Media, tres iglesias en su honor. Pero lo más sorprendente de todo es el culto de que fue objeto en la Dalmacia. También en Francia el culto de San Vicente está muy extendido. Se le conoce como patrón de los viñadores.

San Vicente Mártir suele aparecer en pintura con las vestimentas de su rango, acompañado por un cuervo o sosteniendo una muela de molino. Estos símbolos hacen referencia a su largo y penoso martirio.

Es patrono de la ciudad de Valencia, de Molina de Segura (Murcia), de la localidad de Ardanaz de Egüés (Navarra), Sigüenza (Guadalajara), Corbera (Comunidad Valenciana), Lucena del Puerto (Huelva), Guadassuar (Comunidad Valenciana), de Laujar de Andarax (Almería), San Vicente del Monte (Cantabria), San Vicente de la Barquera (Cantabria), de San Vicente de Alcántara (Badajoz), de Zalamea la Real (Huelva), de Los Realejos (Tenerife). También es Santo Patrono de la ciudad de Lisboa, de la ciudad italiana de Vicenza y de San Vicente Tancuayalab en México. Su fiesta se celebra el 22 de enero.

San Vicente Mártir es también patrón del Gremio de Sastres y Modistas en Valencia y patrón del Orden de los Diáconos de la Diócesis de Bérgamo (Italia).

En la Iglesia de Nuestra Señora de la Asunción de Molina de Segura, se guarda un dedo del santo en una custodia-relicario, que fue traído a Molina en el siglo XVI por los jesuitas cuando estos se hicieron cargo del altar y las celebraciones al patrono.

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